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CUBA Y LA IZQUIERDA: NOTAS PARA UNA
REFLEXIÓN
Dr.
Juan Antonio Blanco
Director de Cooperación Internacional
Human Rights Internet
Ottawa, Canadá
Los
recientes acontecimientos en Cuba obligan a la
reflexión urgente de todos aquellos que fuimos
militantes activos de la revolución ocurrida hace
más de cuatro décadas en aquella isla y que, más
temprano o tarde, nos distanciamos o rompimos con el
régimen político instaurado en su nombre por
considerarlo ajeno y en conflicto con nuestros
ideales de izquierda. Pero también deben constituir
un estímulo a la reflexión de todos los que aun
creen que su honrada y comprometida contribución al
proyecto revolucionario cubano -desde dentro de un
régimen político que lo ha echado deliberadamente a
un lado desde hace décadas- puede tener algún
impacto en el curso de los acontecimientos.
Desde
el V Pleno del CC del PCC en 1996 y el
cuidadosamente planificado derribo de las avionetas
de Hermanos al Rescate para provocar la aprobación
de la Ley Helms-Burton hasta hoy, la elite de poder
cubana ha dado pasos orientados a hacer
irreversible, no al socialismo, sino al actual
modelo de socialismo de estado que impera en el país.
La intervención directa o indirecta de cualquier
espacio legal que gozara de relativa autonomía para
formular propuestas políticas, la aprobación de la
Ley Mordaza, la supuesta "batalla de ideas" dirigida
a reforzar el régimen de pensamiento único, la
declaración de "inamovibilidad" legal del sistema (o
sea, el cierre definitivo de todo espacio legal para
la posible reforma de aquel), seguida ahora por las
sentencias a más de un milenio en prisión decretadas
para un puñado de opositores pacíficos, marcan hitos
que no pueden ser ignorados por quienes alguna vez
tuvimos la ilusión de impulsar, como intelectuales,
ciudadanos o funcionarios, una reforma pacífica y
gradual del sistema hacia un nuevo paradigma de
socialismo democrático.
Las 75
victimas de esta última ola represiva, sea cual sea
el grado de afinidad y cercanía que realmente
guardasen respecto a EEUU - y ninguna de las
supuestas "evidencias" de la Fiscalía cubana
demostraría hasta ahora que fueran sus agentes
directos- sólo tenían por armas sus ideas, viejas
maquinas de escribir, alguna obsoleta computadora y
un radio comercial (como esos que es posible
adquirir fuera de Cuba en cualquier tienda de
efectos eléctricos) con capacidad estándar para
escuchar no sólo estaciones AM y FM sino también de
onda corta. En su inmensa mayoría se mostraban
públicamente críticos de varios aspectos de la
actual política de Washington hacia Cuba, en
particular de la persistencia del embargo comercial.
Estos no son los grupos de oposición armada,
suministrados directamente por la CIA, que en los
años sesenta enfrentó el entonces naciente poder
revolucionario. Pero recibieron por su actividad
intelectual -caracterizada por la proyección plural
de diversas ideologías dentro de su común oposición
al poder posrevolucionario- sentencias tan graves
como las que se les otorgó a aquellos alzados en
armas hace más de cuatro décadas. Su "crimen" -por
el que algunos recibieron condenas de hasta casi
treinta años- fue expresar públicamente ideas que no
eran del agrado del poder en medios de comunicación
que tampoco eran de su agrado. El gobierno los ha
situado ahora en un régimen penitenciario con
crueldad calculada en lo referente a las
infrahumanas condiciones de su encarcelamiento y las
notables distancias de sus prisiones respecto a la
residencia de sus familiares.
El
mensaje es claro: se tratará cualquier disidencia
pacífica con el mismo rigor implacable con el que se
aplastaron los intentos armados de la pasada
oposición. Esa postura pone, de facto, al disidente
sistémico y al antisistémico ante los mismos
peligros y desafíos. El sentido de otredad con el
que hasta ahora era percibido el último por el
primero ha sido definitivamente eliminado desde la
perspectiva del poder. Ahora toda disidencia
-incluida la sugerencia de reformar un régimen que
se ha declarado constitucionalmente "inamovible"-
será vista y tratada bajo el denominador común de la
intolerante Ley 88 (conocida como Ley Mordaza). Con
ello se replantea con más fuerza la interrogante de
cuál debe ser la postura de un cubano de izquierdas
-y precisamente por ello- crítico de la realidad
presente: ¿continuar contribuyendo a la construcción
de discursos legitimadores de un régimen con clara
vocación totalitaria o recuperar de algún modo su
autonomía de pensamiento y propuesta frente a aquel?
Lo que
sigue es un apretado inventario de notas con las que
sólo pretendo darle nuevo impulso al diálogo acerca
de la ya inaplazable necesidad de fundar una nueva
escuela de pensamiento de izquierda para la realidad
cubana. Creo que semejante ejercicio requiere
abordar los puntos que expongo a continuación.
1- En la clásica
historia de Alicia en el País de las Maravillas, la
protagonista le pregunta al Gran Gato "¿y cómo se
sale de aquí?" a lo que aquel responde: "eso depende
de a donde quieras ir". En el caso de la transición
cubana a la democracia la respuesta a la
interrogante "cómo se sale de aquí? depende de la
respuesta que demos a aquella otra: "¿a dónde
queremos ir ahora?". Eso es lo que separa a las
izquierdas y derechas cubanas (ya que ambas tienen
más de una).
2- Pese a que todavía
pueden reportar cierta utilidad conceptual para
deslindar posturas en temas claves, el usar
conceptos como los de "derechas" e "izquierdas" para
calificar las fuerzas al interior del espectro
político cubano puede resultar un ejercicio
riesgoso. Nadie es de derechas o izquierdas en
estado puro y permanente. La izquierda y la derecha
cohabitan el gobierno y la oposición en Cuba. En la
izquierda internacional encontramos a aquellos que
se opusieron a la invasión estadounidense a
Afganistán (pero no a la soviética), se quejan de la
monopolización de la economía mundial por unas pocas
transnacionales (pero no el que ejercen los estados
totalitarios sobre las economías nacionales),
critican el llamado intento de constituir un
"pensamiento único" en los medios de comunicación de
sus países e internacionalmente (pero apoyan el
actual régimen de pensamiento y partido únicos en
Cuba). En la derecha es posible encontrar personas
que se oponen con vehemencia a la falta de
libertades en los países comunistas (pero nos dicen
poco o nada de sus violaciones en ciertos regímenes
occidentales), critican el régimen de partido único
de los sistemas totalitarios (pero no les preocupa
la distorsión que crean los financiamientos privados
a partidos políticos en sociedades de mercado),
están a favor de promover la filantropía
internacional para aliviar la miseria (pero no los
cambios estructurales necesarios para erradicarla).
En resumen: casi todas las personas y organizaciones
en todas partes son de derechas en ciertos temas y
de izquierdas (o progresistas) en otros. Tampoco se
trata de posiciones fijas. Los ciudadanos y sus
instituciones pueden tener ciertas percepciones e
ideas que luego se trasforman en su contrario. En
muchas partes derechas e izquierdas se daban la mano
hasta no hace mucho en su homofobia y ahora
importantes segmentos de una y otra vienen
evolucionando hacia una nueva tolerancia en este
tema.
3- Resistir los
intentos de una reducida elite de poder por
perpetuar el socialismo de estado cubano es una
política progresista aunque una parte de quienes la
asumen tengan ideas de derecha respecto a algunos
tópicos relacionados con la nueva sociedad que
deberá sustituirlo. En esa oposición progresista al
régimen reaccionario de socialismo de estado cubano
se da una coincidencia entre diversas tendencias
políticas cubanas que -bajo diferentes discursos y
proyectos de futuro- convergen en su oposición a la
actual realidad nacional. Existen hoy puntos de
vista progresistas que pueden ser compartidos por
todos - desde reformistas sistémicos e intelectuales
orgánicos hasta oposicionistas antisistémicos-
acerca de las condiciones necesarias y reglas de
juego pertinentes para "salir de donde estamos".
Entre ellos se encuentran los recogidos por el
Proyecto Varela. Se trata de medidas progresistas
respecto a la realidad imperante. Liberar a los
presos de conciencia, incluso preparar una amplia
amnistía para presos comunes cuyos "crímenes" no son
tales bajo el derecho internacional, autorizar la
existencia y funcionamiento de la empresa privada
nacional (y no sólo la extranjera como sucede
ahora), garantizar las libertades básicas de
reunión, conciencia, asociación y expresión, revisar
para enmendar o suprimir la actual Ley electoral y
otras (código penal, Ley de Asociaciones, las
regulaciones sobre la llamada "propaganda enemiga",
la Ley Mordaza etc.), y preparar elecciones - libres
en esas circunstancias- en un plazo no mayor de 12
meses, son aspectos que pueden ser compartidos por
todos. Ello no significa, más allá de la superación
democrática del régimen actual, que los propósitos y
fines últimos que motivan a unos y otros sean
idénticos. Hay quienes hoy se oponen al reaccionario
régimen cubano con el objetivo de instaurar en el
futuro otro tipo de régimen autoritario (el de una
sociedad de mercado sin responsabilidad ecológica ni
social) y hay aquellos que lo hacen con el propósito
de sustituirlo por uno genuinamente emancipador.
Entre una visión y otra existen muchas formulas
intermedias. La actual oposición cubana tiene
fuertes corrientes democráticas y otras que no lo
son tanto, aunque todas sean antitotalitarias. El
liderazgo cubano procura descalificar como
derechistas a todos los que se le oponen para poder
presentarse con una identidad de izquierda que no se
compadece de sus posturas políticas reaccionarias.
Hitler, Mussolini, Stalin y Franco eran todos
antinorteamericanos y proveían servicios universales
de salud y educación a sus pueblos, pero con ello no
lograron pasar a la historia como "progresistas". Lo
que siempre fue progresista per se fue oponerse a
esos regímenes, con independencia de las
motivaciones ulteriores que movilizaban a las
diversas y contradictorias fuerzas que se les
opusieron. Sólo un sector fanatizado y seguidista de
la izquierda internacional fue incapaz de comprender
entonces ese dato en el caso de Stalin y todavía
hoy, medio siglo después, está pagando el precio
político por ello.
4- Mas allá de la
actual oposición a un régimen de vocación represiva
y totalitaria, se bifurcan los caminos con mayor
claridad en una serie de temas cruciales (aunque no
en todos tampoco). Las futuras diferencias que
acompañarán la transición democrática no radicarán,
sin embargo, en el viejo debate sobre la existencia
o no de una economía de mercado y un régimen
democrático, sino sobre los fines que ellos deberían
perseguir y las diferentes institucionalidades
requeridas para que se cumplan unos u otros. La
derecha cree que ambos deben estar en función de
garantizar, al corto plazo, la más libre acumulación
de riquezas producidas de manera privada. Pero la
nueva izquierda que va emergiendo tiene la
convicción de que ambos deberían estar en función de
asegurar el avance progresivo hacia una sociedad
inclusiva (pero no igualitaria) y realmente
participativa (en lugar de movilizativa como hasta
ahora), donde existirán grandes diferencias de
ingresos y niveles de consumo, pero no marginalidad
económica y social.
5- Mientras la derecha
buscará objetivos alcanzables al corto plazo los
fines que se planteará la izquierda requerirán de
estrategias de mediano y largo plazo dado el estado
depauperado de los servicios públicos, la
ineficiencia y obsolescencia generalizadas del
aparato productivo y la endeudada renta nacional que
se heredará del régimen actual. Será difícil
sostener los servicios del estado de bienestar
cubano - asunto que interesará más a la izquierda
que a la derecha- en esas circunstancias y con una
población cuyo envejecimiento ya se ha acelerado.
Por otro lado, la izquierda tropezará con un inmenso
obstáculo en su labor persuasiva: el desgaste y
desprestigio del ideario de izquierda por su
ejercicio distorsionado -e imposición totalitaria-
por casi medio siglo. El ciudadano estará más
inclinado a escuchar, en el corto plazo, a aquellos
que prometan libertades de cualquier tipo
(individuales, de empresa) sin cortapisa alguna, que
a aquel otro que le venga a hablar de favorecer las
opciones "socialistas" frente a las "capitalistas
neoliberales". Hasta el uso de conceptos como
"izquierda" y "derecha" sonará sospechoso a
restauración totalitaria para la inmensa mayoría y
probablemente tengan poco valor en cualquier
competencia por ganar la representación ciudadana.
6- La interrogante
acerca de a dónde queremos ir ahora tendrá que
pasar, en lo inmediato, por la reconstrucción de
significados y códigos comunicativos. Pero el tema
no se reduce a una estrategia proselitista. Primero,
de veras, necesitamos saber nosotros mismos a dónde
queremos ir y ello supone entender y comprender muy
bien de dónde estamos saliendo. La sociedad que
deseamos dejar atrás no fue creación de la derecha,
sino nuestra. De aquel amplio sector de la izquierda
cubana -fuesen funcionarios o simples ciudadanos-
que un día dio su aquiescencia para anteponer los
largamente anhelados fines de justicia social a los
procedimientos y principios democráticos. Decir que
las cosas tuvieron que salirnos mal debido a la
agresividad del enemigo o que todo fue una
desviación debido a la traición de un grupo de
individuos, es poco riguroso y menos marxista. No
estaremos en condiciones intelectuales ni morales de
proponer nuevos rumbos nacionales sin antes
comprender - y admitir- por qué obramos de cierto
modo y llegamos a la realidad actual que ahora
deseamos superar.
7- De todo lo anterior
se deduce que pensar a Cuba desde una perspectiva de
izquierda en el umbral del nuevo siglo y milenio
supone atender, como mínimo, ocho aspectos:
a) hacer el examen
crítico de nuestro pasado colectivo e individual
(todos, en una u otra medida, fuimos
responsables, por acción y/o omisión, de nuestro
presente) para evitar incurrir nuevamente en
nuestros anteriores errores,
b) contribuir
honradamente a los procesos de esclarecimiento
de la verdad sobre los sucesos en el pasado
reciente -en el que ambos bandos cometieron
abusos y acudieron a medios inaceptables para
alcanzar sus propósitos- y a generar un genuino
proceso de reconciliación nacional respecto a
ellos,
c) tener una clara
definición de lo que hoy nos une y separa de la
derecha antitotalitaria frente a la realidad
nacional presente y futura,
d) imaginar un
proyecto de nación cuya institucionalidad haga
compatible la existencia de diferencias de
ingresos y consumo con la inclusión económica y
la igualdad de oportunidades sociales,
e) elaborar una
nueva concepción de la soberanía, independencia
y seguridad nacionales en el contexto de los
actuales procesos mundiales de globalización,
f) proponer los
elementos institucionales y jurídicos para la
construcción de un régimen democrático que sea,
a la vez, representativo y participativo,
g) afianzar la
cultura política de esa nueva izquierda -y de la
ciudadanía en general- en el más profundo
respeto a la democracia, la no violencia, la
diversidad, la libertad y los derechos
individuales y colectivos,
h) reconstruir los
significados y códigos comunicativos por otros
que respondan a las ideas que pretendemos
proponer.
8- Pero los ejercicios
reflexivos que aquí se proponen para poder construir
el proyecto de nación de una nueva izquierda cubana
en el futuro no pueden postergar el cumplimiento de
ciertas obligaciones éticas inmediatas sin lo cual
nadie daría crédito a sus propuestas. Y el primer
deber ineludible que se plantea a todo cubano
progresista (para hoy mismo; no para mañana) es
precisamente el de la solidaridad efectiva con las
víctimas de la actual represión contra las
libertades básicas de conciencia, reunión,
asociación y expresión, sea cual sea la ideología
que profesen. Asumir que se trata de "esos otros que
no respetaron nuestras leyes por injustas que ellas
fuesen" es coincidir con la ideología de aquellos
alemanes que deploraban el trato "excesivo" contra
los judíos pero consideraban que su trágico destino
se realizaba conforme a las soberanas leyes del
Tercer Reich. Por otra parte el mensaje enviado por
el gobierno con estas sentencias ha revindicado
nuevamente el mensaje de Bertold Brecht: hoy vienen
por ellos; mañana vendrán por mí. Aquellas personas
que aun no han llegado a entender que todo ser
humano tiene derechos inalienables y universalmente
reconocidos que deben ser protegidos, deberían al
menos razonar de manera utilitaria que no escaparán
a la represión en las nuevas circunstancias a menos
que se plieguen sumisamente al diktat oficial. El
poder ya no admite el silencio como expresión de
compromiso. Exige la pública e incondicional
adhesión a sus decisiones. Se han venido cerrando o
controlando rigurosamente los espacios donde antes
era relativamente posible preservar la autonomía
intelectual y personal. El intento de eternizar el
régimen totalitario y su represión han creado -por
si mismos- la convergencia coyuntural de una muy
diversa oposición, cohabitada por múltiples
visiones, proyectos e ideologías. Si importante
resulta "saber a donde queremos ir" no lo es menos
esforzarnos juntos por "salir de donde estamos."
9- La formulación de
una alternativa de izquierda a la realidad nacional
debe comenzar desde ahora. El miedo a un futuro
insatisfactorio no debe paralizarnos en un presente
insoportable. La izquierda cubana, dentro del país,
-incluidos funcionarios, militantes, académicos y
oposicionistas afiliados ideológicamente a esa
tendencia política- puede también contribuir en el
presente a esa indagación a pesar de la permanente
asfixia de su autonomía intelectual por las
políticas en curso. Pese a la lamentable lentitud de
nuestro aprendizaje, hemos adelantado en algo: ya
sabemos que no debemos esperar la comprensión de la
elite de poder para reformar el país y que cualquier
proyecto de izquierda para el futuro nacional tiene
que incluir la plena vigencia de todos los derechos
humanos universalmente reconocidos y la democracia
para todos, y no sólo para los simpatizantes del
socialismo.
10- El tema a
considerar, sin embargo, no es si una nueva
izquierda cubana tendría asegurada la posibilidad de
hegemonizar la futura opinión pública en su favor y
abrir espacio -por métodos democráticos- a una
sociedad decente que realmente represente una
superación (aufheben) de todas las anteriores. El
asunto -como siempre- sigue siendo que intentarlo es
la única opción ética que aun sigue en nuestras
manos.
Agosto 23, 2003
Dr. Juan Antonio Blanco |