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¿Del lado de la cultura
cubana? |
ALBERTO F. ÁLVAREZ GARCÍA, Ottawa |
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Comentarios
críticos a entrevista en la Jiribilla |
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La
Jiribilla nos brinda, en el no. 60 del 2002, una
entrevista de Nirma Acosta a Pedro Pérez Sarduy,
emigrado cubano residente en Inglaterra desde 1981, que
considero importante comentar dada las controversiales
opiniones vertidas allí. Pérez Sarduy respalda la
política cultural del régimen de La Habana y la calidad
editorial que observa en la Jiribilla, lo que por cierto,
no es reprochable por aquellos que defendemos la
libertad de expresión como parte esencial de la
democracia.
Lo que
resulta poco aceptable en sus opiniones, es la
tergiversación que hace de los hechos que analiza y la
forma de defender su actuación personal, manifestando
una gran insensibilidad en sus juicios hacia el
comportamiento de los demás. Aunque la entrevista aborda
una amplia cantidad de asuntos me concentraré en tres
temas fundamentales:
El problema de la libertad de pensamiento en Cuba
El
entrevistado ve en la Jiribilla, un ejemplo destacado de
la política cultural del régimen, según él, creativa y
sin condicionamientos políticos, a diferencia de lo que
ocurre en buena parte del resto del mundo. Las cosas que
han sucedido en la política y en el terreno cultural de
nuestro país son demasiado complejas, para que el diseño
sencillo, armonioso, los colores suaves, los textos
serios y profundos que aprecia Pérez Sarduy en esa
publicación, permita olvidarnos que en la Cuba posterior
a 1959, ha predominado, el control del pensamiento
ciudadano e intelectual por las autoridades, así como la
carencia del derecho a la asociación autónoma por parte
de la sociedad civil.
Es difícil
de olvidar, que desde los años 60 los intelectuales y
artistas cubanos padecieron una política de
ensañamiento, vigilancia e intimidaciones personales, y
que muchos han sufrido la prohibición de sus obras y han
sido reprimidos o marginados a causa de sus posiciones
políticas, sus inclinaciones religiosas o sexuales, o
simplemente por las características de su trabajo.
Pérez
Sarduy invoca que su novela Las criadas de La Habana
fue censurada en el exterior, por no ser suficientemente
anticastrista, lo que sinceramente lamentamos. Pero
estoy seguro, que en el mundo occidental donde vive, hay
muchas editoriales que con preferencia publicarían
precisamente a autores castristas; otras editoriales
publicarían cualquier obra de valor intelectual, sin
tener en cuenta el sello ideológico de sus autores, y
que en caso extremo, Pérez Sarduy, podría editar su
novela sin que nadie pueda prohibírselo. Esa
precisamente es la pluralidad intelectual que reclamamos
para Cuba y que el sistema unipartidista niega al
establecer el control absoluto de la información, de las
editoriales, de la educación y de la cultura.
Sería
bienvenido que la Unión Nacional de Escritores y
Artistas de Cuba (UNEAC) y el aparato gubernamental de
cultura, levantaran la censura que pesa contra tantos
artistas e intelectuales cubanos que viven en la Isla o
en el exilio, que han sido denigrados en el pasado, o
son ignorados en la actualidad, por sus posiciones
políticas o porque su obra no cumple los requisitos de
la censura oficial. Basta la propia experiencia de Pérez
Sarduy, para observar la diferencia de circunstancias de
lo que ocurre donde reside y en Cuba. Pérez Sarduy, que
salió de Cuba por elección personal y que no se
considera "un exiliado ni nada de eso", ha podido hacer
su obra intelectual y vivir como un ciudadano libre en
Inglaterra; ha impartido conferencias y cursos en
distintas universidades de Europa y Estados Unidos,
viaja sin tener que pedir permiso de salida (la tarjeta
blanca) para ausentarse de su país de acogida, como
tendría que hacer si viviese en la Isla; ha publicado en
editoriales de Puerto Rico (1999) y de La Florida
(2000), sin que nadie haya pensado que por publicar en
esas editoriales "está siendo pagado por los Estados
Unidos " u otros gobiernos, como injuria él contra otros
intelectuales cubanos que colaboran con Encuentro u
obtienen financiamiento en algunas de las fundaciones de
EEUU u otro país.
Fuera
alentador que junto a Las criadas de La Habana de
Pérez Sarduy, presentada en la XI Feria Internacional
del Libro de esa ciudad, se pudieran promover sin
censura en la Isla lo mejor de la literatura y la
ciencia mundial, y la obra de los creadores cubanos, sin
importar su lugar de residencia ni su orientación
intelectual y política. Cuán positivo sería a nuestra
cultura, que junto a los autores permitidos por las
autoridades, fueran autorizados a publicarse en Cuba o a
circular libremente en sus librerías y bibliotecas,
entre muchas obras y autores, los 15 volúmenes de
Cuba: economía y sociedad de Leví Marrero; La
Historia de Cuba de Calixto C. Masó; la obra
investigativa de Lydia Cabrera, los estudios de
Cultura Afrocubana de Isabel y Jorge Catellanos,
La Historia de la medicina, y La Historia de la
Odontología en Cuba de César A. Mena.
También la
obra narrrativa, poética y crítica de importantes
autores contemporáneos como Guillermo Cabrera Infante,
Heberto Padilla, Reynaldo Arenas, Jesús Díaz, Antonio
Benítez Rojo, Manuel Díaz Martínez, Raúl Rivero, Eliseo
Alberto, María Elena Cruz Varela, Norberto Fuentes, Zoé
Valdés, Manuel Pereira, José Ramón Fernández Larrea,
David Buzi, Daína Chaviano, José Abreu Felipe, Carlos
Victoria, Vicente Echerri, Uva de Aragón, Carlos
Franqui, Gustavo Pérez Firmat, Luis Manuel García, José
Luis Llanes, Julio E. Hernández Miyares, Luis Ricardo
Alonso, Roberto Valero-Real, Luis Mario, Enrico Mario
Santí, u otros autores menos recientes, pero
imprescindibles, como Agustín Acosta, Gastón Baquero,
Lorenzo García Vega y Enrique Labrador Ruíz.
En
ciencias sociales y economía, Carmelo Mesa-Lago,
Marifeli Pérez-Stable, Beatriz Bernal, Carlos Alberto
Montaner, Luis E. Aguilar, Oscar Espinosa Chepe,
Mauricio de Miranda Parrondo, Lisandro Pérez, Max J.
Castro, Eusebio Mujal-León, Jaime Suchliki, Rafael
Rojas, Jorge I. Dominguez, Efrén Córdova, Manuel
Fernández Santelices, José Ignacio Rasco, Manuel Moreno
Fraginals, Juan Antonio Blanco, Harodo Dilla, Iván de la
Nuez, Alegandro de la Fuente, Emilio Ichikawa, Enrique
Patterson, José Sánchez-Boudy, Francisco León, Ariel
Hidalgo, Dimas Castellanos, y Velia Cecilia Bobes. Me
gustaría ver circulando libremente en Cuba, no de forma
clandestina, Intelectuales vs. Revolución? El caso
del Centro de Estudios sobre América, mi libro
escrito en colaboración con Gerardo González Nuñez,
incluso aunque debiéramos admitir un prólogo aclaratorio
por parte de las autoridades y una decena de libros para
rechazarlo de autores con criterios oficialistas.
Es obvio
que la cultura nacional no puede desenvolverse
normalmente bajo los códigos estrechos impuestos por el
liderazgo gubernamental y que esta política no
representa el lado progresita de nuestra cultura, por el
contrario, se le opone y la empobrece. De ese lado se
coloca Pérez Sarduy con sus posiciones.
Los ataques a la revista Encuentro y en especial a la
persona de Jesús Díaz
Pérez
Sarduy da su aporte al descrédito que sobre Encuentro
trata de sembrar el régimen y la acusa de que" recibe
dinero del enemigo", argumentando para ello, que la
revista obtiene dinero de la Fundación Ford y otras
fundaciones-y agrega-, el que colabora con Encuentro,
tiene que saber que "está pagado por el enemigo". Aquí
Pérez Sarduy trata de pasar gato por liebre. Él sabe por
su experiencia, que en el mundo existen numerosas
fundaciones (públicas, cooperativas y privadas) que
financian sin fines lucrativos, proyectos científicos,
culturales, etc, sin que tengan como objetivo controlar
la autonomía de las organizaciones y de los individuos
que reciben esa ayuda. Numerosos son los académicos,
científicos y estudiantes cubanos (muchos de ellos
militantes del Partido y la Juventud comunista) que
recibieron y reciben financiamientos de fundaciones
extranjeras (con el beneplácito del gobierno) para
impulsar su trabajo, sin que nadie pueda demostrar que
son pagados por el enemigo o traicionan sus principios.
Ésta es una de las injurias mayores que contienen las
palabras de Pérez Sarduy.
Por el
contrario, el gobierno cubano sí recibe dinero del
"enemigo", al apoderarse anualmente de una cifra que
oscila entre los 800 a 1000 millones de dólares enviados
como remesas a sus familiares en la Isla por los
emigrados, principalmente de La Florida y los EEUU en
general, y que según conozco una parte de ese dinero va
al presupuesto de las actividades ideológicas y
culturales priorizadas en la proclamada batalla de
ideas. Los artistas e intelectuales que participan en
esas actividades debieran ser informados que son pagados
con el dinero que envian los emigrados, que la mayoría
de ellos ganan trabajando con rigor, sea en calidad de
profesionales, o como obreros de las fábricas y de los
puertos, lavando platos, fregando autos, en las labores
agrícolas, etc, y que con mucho sacrificio comparten con
sus seres queridos en Cuba.
La parte
más injuriosa de todo lo dicho por Pérez Sarduy, es la
dedicada a la persona de Jesús Díaz. No pretendo hacer
ver que éste no tuviera defectos. Lo que defiendo es que
Jesús Díaz fue una figura destacada de nuestra cultura
nacional desde el comienzo de la revolución y que mucho
aportó a los vínculos entre la cultura, la política y
las ciencias sociales. Ni una sola palabra de
reconocimiento a Jesús Díaz aparece en los
pronunciamientos de Pérez Sarduy, únicamente hallamos
comentarios negativos hacia su persona y su obra. Pérez
Sarduy debe saber -puede que con el tiempo fuera de Cuba
lo haya olvidado- que si algo es detestable para el
cubano y su cultura, es hablar mal de un compañero
fallecido, pero deseo profundizar y dar mis puntos de
vista sobre el verdadero significado de sus opiniones.
El
entrevistado valora a Jesús Díaz de stalinista, racista,
implacable, extremista y agrega de modo conclusivo "era
un tipo extremadamente antihomosexual. Era el tipo que
achuchaba aquella política. Era el ideólogo de aquel
mundo". Que Jesús Díaz fuera radical, extremista e
implacable a inicios de la revolución con menos de 20
años, e incluso en los primeros años de los 60, resulta
posible. Le recordaría a Pérez Sarduy que así fueron la
mayoría de los jóvenes y adolecentes revolucionarios que
pretendían ser actores de la naciente revolución. ¿Cómo
no iba ser de esa forma si los jóvenes de diferentes
generaciones que entrabamos a la revolución tuvimos en
los barbudos y sus líderes a los máximos exponentes del
radicalismo y la ideología de la violencia en su
tiempo?.
Pero es
falso que Jesús Díaz fue el ideólogo de aquel mundo de
posturas extremas y radicales. El verdadero ideólogo de
todo aquello fue Fidel Castro y hombres como el Che
Guevara que nos enseñaron que había que luchar hasta
destruir al enemigo en cualquier lugar del mundo, y
atizaron a la juventud, con lemas como Patria o Muerte,
o Hasta la Victoria Siempre. En verdad los jóvenes de
los 60 tuvimos excelentes profesores de intolerancia y
violencia, que fueron nuestra fuente de inspiración y
modelo a imitar. No es verdad que Jesús Díaz, inclusive
en su período juvenil fuera racista. Para escribir este
artículo he investigado con varios de sus compañeros de
aquella etapa, muchos de los cuales son mis amigos y sin
excepción aseguran que es todo lo contrario, que Jesús
en el tema negro, era hasta visto por algunos como un
poco populista, por sus vínculos personales y de amistad
con personas de esa raza y por su conocimiento e interés
en las manifestaciones culturales y sociológicas
afrocubanas, como la santería, etc.
Quiero
agregar que dentro de las personas con que confirmé
estas informaciones hay negros, y una de ellas, nunca
tuvo buenas relaciones con Jesús Díaz desde entonces
hasta la muerte de éste, pero igual rechaza lo dicho por
Pérez Sarduy. Estas personas aseguran que Jesús Díaz
tampoco se caracterizó por exhibir posturas homofóbicas
extremas-incluso en los años 60-, y más bien, defendió a
personas acusadas por entonces de ser homosexuales.
Tengo a varios intelectuales que pueden dar fe y
ejemplos precisos de lo que asevero. Por otra parte,
acusar a Jesús Díaz de stalinista, es pretender,
hacernos ignorar su destacado papel desde el comienzo de
los años 60, como crítico del marxismo soviético y en la
busqueda de un socialismo autónomo ajustado a las
condiciones cubanas.
El período
de tiempo de más de 40 años, que va desde 1959 al 2002
en que fallece Jesús Díaz, y en particular, sus tristes
experiencias en el Caimán Barbudo, el Departamento de
Filosofía, la Revista Pensamiento Crítico, la censura
durante doce años de su novela Las iniciales de la
tierra, etc, fueron suficientes para que él
comprendiera la necesidad de los cambios, y asumiera que
el modelo político y económico adoptado, estaba
conduciendo al país a la ruina económica y la
desintegración paulatina de la nación, y que era
impostergable la reconciliación nacional y la creación
de una nación para todos los cubanos.
Esa es la
verdad, y es delirante lo que intenta decirnos Pérez
Sarduy, cuando expresa que él no entra en "la
conciliación con Estados Unidos que quiso Jesús". Jesús
Díaz fue un promotor del rencuentro entre los cubanos
por medio de la negociación, la tolerancia, la vía
pacífica y la defensa de nuestra soberanía nacional, y
no del sometimiento de la nación a los Estados Unidos.
Esto último es imposible encontrarlo
en la obra
intelectual y personal de Jesús Díaz y constituye una
ofensa a su memoria. Sus experiencias personales le
llevaron a escoger el camino del exilio, en todo caso,
esa fue su elección. El derecho a escoger el sitio de
residencia constituye un derecho del individuo
reconocido universalmente y respetado en todos los
sistemas democráticos. El inmenso valor intelectual y
ético de Jesús Díaz fue la verdadera causa del odio que
el régimen lanzó contra su persona y la guerra
psicológica y propagandística en la cual lo mantuvo
desde su salida del país hasta su muerte. Desaparecido
el hombre, ahora esos ataques se enfilan hacia Encuentro
y al conjunto de su obra.
El placer de volver a la Isla y el precio de las
intrigas de Pérez Sarduy
Antes de
proseguir aclararo que no tengo cuentas personales
precedentes que saldar con Pérez Sarduy. Le conocí en
Miami, en el 2000, durante el Congreso de Latin American
Studies Association (LASA), donde nos presentó un amigo
común. Después nos encontramos en el 2001 en el
siguiente Congreso de LASA en Washington, donde nos
saludamos de forma amistosa. Tampoco quiero omitir que
en el referido Congreso de LASA de Miami fui testigo de
una conversación de Pérez Sarduy y Jesús Díaz, en la que
percibí un tono de respeto entre los dos.y no pude
imaginar que Pérez Sarduy llevara consigo una opinión
tan negativa sobre la vida del primero en el momento que
ambos conversaban. Digo esto, para dejar claro que el
único motivo de estas notas, es la necesidad de
enfrentar las posiciones ofensivas de la entrevista y
exponer mis consideraciones. Los lectores podrán llegar
a sus propias conclusiones confrontando ambos textos.
Sin
embargo, creo importante hacer un comentario final. Tal
vez en la propia entrevista de Pérez Sarduy, podamos
encontrar el móvil de sus declaraciones. Él habla del
gran significado que le concede al "placer de volver a
la Isla y a mantener el vínculo con su país". Esto es un
fenómeno natural y no he conocido en los países que he
visitado ningún cubano que no añore el rencuentro con la
patria sea para vivir o visitarla. Personalmente, estoy
contra el embargo de EEUU a Cuba y me opongo a toda
restricción a la libertad de viajar impuesta a sus
ciudadanos ya sea por Washington o La Habana. Pero
sabemos que los viajes a Cuba son utilizados por las
autoridades cubanas para presionar y en ocasiones
chantajear a aquellos que asumieron el camino de la
emigración y el exilio. La cuestión es clara: Si te
portas bien con el régimen podrás difrutar de la
posibilidad de visitar el país, pero de no ser así, no
tendrás esa oportunidad. Ojalá que ese no sea parte del
precio que hacen suponer las intrigas de Pérez Sarduy.
Lo que
conozco directamente es que Pérez Sarduy, utiliza sus
relaciones con funcionarios de la Isla para promover
grupos turísticos a Cuba, lo que le representa un medio
de ingreso extra. Ese hecho él mismo me lo comentó, pero
no es difícil que podamos obtener más información al
respecto. Se sabe que el régimen cubano trata de
extenderle algunas prevendas y facilidades a los
emigrados y hasta exiliados "amigos" o dóciles a sus
posiciones. El lanzamiento de su novela en la XI Feria
Internacional del Libro de La Habana, bien puede ayudar
a complementar esos favores que brindan a Pérez Sarduy
las autoridades cubanas por los servicios prestados.
Aunque no tuviéramos en cuenta ese hecho, solamente sus
opiniones desatinadas en la entrevista a la Jiribilla,
son un acto lamentable, que alienta la desunión y la
discordia entre los cubanos. La Jiribilla cosechando esa
línea editorial rencorosa, no hace otra cosa, que
desacreditarse y dañar la cultura nacional. |