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UNA LECTURA
IMPRESCINDIBLE PARA LOS REVOLUCIONARIOS CUBANOS
Carlos
Alberto Montaner
Juan
Antonio Blanco es un intelectual cubano comprometido con
la revolución. Historiador, ensayista, ex profesor
universitario en La Habana, diplomático, analista de
asuntos norteamericanos en el Comité Central, y hasta
hace relativamente poco tiempo militante del PC. Hoy
vive en Canadá y se ocupa de cuestiones relacionadas con
los Derechos Humanos. Tal vez es una de las cabezas más
lúcidas de cuantas han estado al servicio del gobierno
de La Habana.
Lo conocí
en Halifax, Canadá, en 1988, durante un seminario sobre
Cuba. Él formaba parte de la delegación oficial, y yo,
junto a otros exiliados, defendía el punto de vista
liberal y democrático, es decir, adversario. En algunos
momentos conversamos fuera del marco de las discusiones
públicas, y aunque teníamos puntos de vista opuestos, y
él defendía los suyos con firmeza, me agradó su talante
amable y respetuoso. Debo decir, claro, que no fue el
único que adoptó esa actitud, porque hasta hubo quien
llamó a mi habitación de noche para darme un abrazo,
compartir un poco de café y explicarme su completa
desilusión con el sistema que se veía obligado a
aplaudir. En todo caso, Blanco fue quien más curiosidad
me provocó en toda la delegación cubana, incluido
Ricardo Alarcón, que era el que la presidía.
Ahora
acabo de leer en la revista Encuentro
el
ensayo Cuba y la izquierda. Vale la pena analizarlo
cuidadosamente. Juan Antonio Blanco lo ha escrito
pensando en sus compañeros comunistas o, simplemente,
“revolucionarios” que no han renunciado al sentido
crítico y, si se quiere, al sentido común. Es decir,
gentes que se consideran de izquierda, pero que tienen
la suficiente lucidez como para advertir que Fidel
Castro y la línea conservadora del PC han llevado el
país y a sus propios simpatizantes a un callejón sin
salida, deslegitimando en el trayecto a la opción
ideológica de la izquierda.
Juan
Antonio Blanco no quiere eso. Pretende dotar a la
izquierda cubana de un discurso político que le permita
sobrevivir, luchar y mantener o ganar el poder
limpiamente dentro de un sistema democrático como al que
inevitablemente arribará Cuba a medio o largo plazo.
Blanco sabe que es imposible que Cuba siga siendo
permanentemente la excepción comunista en un planeta que
abandonó o está en vías de abandonar ese modelo de
organización de la sociedad, pero cree que una izquierda
moderna no debe renunciar a perfilar una nueva identidad
y a buscar su espacio dentro de las preferencias del
pueblo cubano.
Naturalmente, yo no estoy de acuerdo con el recetario
que Blanco desea aplicar a los problemas que afectan y
afectarán a nuestro pueblo, pero me parece magnífico que
en nuestro país exista una izquierda respetuosa del
Estado de Derecho, tolerante con otras ideologías y
dispuesta a convivir con ellas pacífica y
respetuosamente dentro de las instituciones que
libremente se dé la nación cubana cuando llegue la hora
de la democracia.
La verdad
es que Cuba necesita de todo el espectro político
democrático. Necesita una izquierda como la que Blanco
describe, y necesita una derecha civilizada y dialogante.
Y entre ambos extremos del arco ideológico, tampoco debe
prescindir de ningún grupo dispuesto a colocarse bajo la
autoridad de la ley: liberales, democristianos,
socialdemócratas, conservadores o comunistas. La
pregunta obvia es si seremos capaces de construir ese
tipo de sociedad abierta y dialogante tras la amarga
experiencia de la larga dictadura de
Castro,
antecedida por el nefasto periodo batistiano: más de
medio siglo de gobiernos contrarios a los valores
democráticos.
Yo creo
que sí. Si los españoles superaron el trauma de la
Guerra Civil y el franquismo, los chilenos el de la
dictadura de Pinochet, y todos los países de Europa del
Este la etapa comunista, no veo por qué los cubanos
seremos incapaces de transitar pacífica y ordenadamente
hacia una apertura democrática que desemboque en un
modelo abierto y con garantías para todas las partes.
Pero para que ocurra ese proceso es vital que la actual
clase dirigente cubana comience a ver con claridad cómo
puede reorganizarse, bajo qué premisas y con cuáles
objetivos. Por eso me parece tan notoriamente importante
lo que acaba de escribir Juan Antonio Blanco. |