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OASIS Y EUFEMISMOS ECONÓMICOS

Gerardo González Núñez

Diciembre es uno de los meses que espero con ansias porque es el mes de la Navidad, que a pesar de su excesiva mercantilización, aún constituye una época de belleza visual, de reunión familiar y que en mi caso particular me evoca gratos recuerdos de la infancia. Pero también espero ese mes porque es cuando se informa en la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba los resultados económicos del año en curso y no puedo resistirme a la curiosidad profesional de tener una idea de cómo está la economía cubana en el año que cierra de boca del gobierno.

Fíjense que digo "tener una idea" ya que ese informe, leído por José Luis Rodríguez, Ministro de Economía y Planificación, no brinda toda la información necesaria para tener una comprensión cabal del estado de la economía y es más bien una pieza retórico - ideológica para hacer creer a la opinión pública nacional e internacional que la economía cubana no está tan mal como se presupone. La "idea" uno la adquiere después de leer el denominado informe y contrastar el malabarismo retórico con el aporte de datos: si hay profusión de apologías a los esfuerzos del régimen para enfrentar las dificultades, si hay excesivas referencias a las condiciones externas y se ofrecen pocos datos que avalen los resultados económicos, entonces la situación no está tan bien como el Ministro de Economía la pinta o está más grave de lo que podría parecer.

La estructura del informe no varía de año en año y el contenido se ajusta a la realidad del año bajo análisis, sin embargo, dicho contenido tiene elementos reiterativos: es un análisis lleno de eufemismos, con preponderancia en los sectores sociales, basado en el manejo de información numérica escogida con pinzas, que muestran pretendidos resultados positivos en la gestión de las áreas y sectores seleccionados en detrimento del análisis macroeconómico que es el que, en definitiva, mostraría sin ambigüedades el estado real de la economía. La mayor parte de las cifras utilizadas son porcentuales y sin referencias metodológicas lo cual ha sido fuente de múltiples suspicacias sobre la confiabilidad de las mismas.

El Informe de los Resultados Económicos del 2003 comienza con una breve introducción donde se remarca la hostilidad norteamericana contra Cuba y se enfatiza que la situación internacional ha sido compleja. Esta introducción es concomitante con el análisis oficial de que la causa de los problemas económicos es externa y no endógena. Algo curioso fue ver que los primeros párrafos del informe fueron casi similares a los del 2002. Fue como una especie de copy - paste con actualizaciones. Juzguen por ustedes mismos:

Año 2002
A pesar de una situación internacional adversa, la guerra económica de Estados Unidos y afectaciones provocadas por desastres naturales, no sólo hemos cumplido con los objetivos esenciales que nos propusimos alcanzar, sino que ha sido un año de estimulantes y significativos avances, que señalan nuevas pautas para nuestro desarrollo económico y social.

De acuerdo a las prioridades que le informamos a esta Asamblea el pasado año, durante el 2002 hemos continuado impulsando los programas sociales, asegurado más y mejor la alimentación normada de la población y consumos sociales priorizados; se ha avanzado para garantizar una mayor disponibilidad de medicamentos; se ha priorizado el consumo de electricidad de la población; y se logró la proeza de recuperar las consecuencias del huracán Michelle antes de un año.

Si alguna conclusión podemos sacar de lo acontecido en el 2002 es que este año ha servido para poner a prueba la capacidad de la economía cubana para recuperarse y continuar avanzando frente a las adversidades, lo que se ha logrado gracias al nivel de organización alcanzado por nuestro pueblo, a la convicción de que siempre es posible hacer más con menos, y a su cohesión en torno a la Revolución y a Fidel.

Año 2003
Durante el 2003 hemos debido enfrentar nuevamente la creciente y sostenida agresividad de Estados Unidos, unido a una coyuntura económica internacional adversa, lo cual no ha impedido que cumplamos los objetivos esenciales que nos propusimos y que se cuente con significativos avances en nuestro desarrollo social.

Las prioridades previstas en el Plan 2003 han tenido un cumplimiento satisfactorio, tomando en cuenta que se ha garantizado el apoyo a los programas sociales que se desarrollan en el contexto de la Batalla de Ideas; se alcanza un mejor nivel de aseguramiento de la alimentación normada de la población y es superior el consumo social priorizado; se ha cubierto con mayor estabilidad la demanda mínima de combustibles del país; y se avanza en la producción de medicamentos, así como en la elevación de la calidad de los servicios sociales de educación y salud.

Los resultados que se alcanzan el presente año ponen de manifiesto la capacidad del país para continuar el camino de la recuperación y crear condiciones para avanzar mucho más.

Quiero que noten que en el primer párrafo introductorio del informe del 2003 se habla de "significativos avances en nuestro desarrollo social" sin mencionar lo mismo en el aspecto económico, como se reflejó en el informe del 2002. ¿Lapsus mental u omisión conciente?.

Después se describe la situación económica y social de América Latina como una referencia para contrastarla con la situación cubana. En este aspecto se señala que la economía de la región sólo creció un 1.5% con un desempleo del 10.7%. Es muy hábil utilizar estas cifras globales para compararlas con la realidad cubana ya que se quiere sugerir, sobre todo al público cubano, que a pesar de los pesares Cuba obtuvo resultados económicos en el 2003 superiores a los países del continente obviando la realidad de que en esas cifras mucho influyó el comportamiento de los gigantes de la región que son Brasil y México que realmente no tuvieron un buen año económico. Por tal motivo el informe deja de lado el hecho de que economías con graves crisis económicas recientes y fuertes inestabilidades políticas y sociales, incluso con conflictos armados en sus territorios, tuvieron resultados superiores al cubano, como son los casos de Argentina con un crecimiento del 8%, Perú con un 4.1%, Chile y Colombia con 3.5% y Ecuador con el 3%, por sólo citar algunos ejemplos.

Con respecto al desempleo, se informó que el país logró colocar dicha tasa por debajo del 3% a pesar de la reestructuración del sector azucarero que dejó sin empleo a alrededor de 100,000 trabajadores. Aunque en el informe no se explica claramente, se infiere que los desempleados del sector azucarero no influyeron en la cifra de desempleo anunciada ya que, aparte de que un grupo fue relocalizado en otras faenas, un 65% asumió estudiar a tiempo completo como opción de empleo.

Hay que reconocer que la estadística de desempleo es una de las que más se manipula por parte de los gobiernos, ya sea porque la metodología adoptada es bien flexible o por imprecisiones en la captación de los datos. Pero más allá de entrar a especular si esta cifra dada por el gobierno cubano fue objeto de manipulación o no, hay que entender que la problemática desempleo/empleo cubano hay que enfocarla desde otra óptica. Como la prioridad del liderazgo cubano siempre han sido los problemas sociales, la búsqueda del pleno empleo, no importa las condiciones estructurales existentes, no ha tenido en cuenta los factores de eficiencia y productividad laboral. El masivo empleo bajo esta premisa ha generado una especie de "desempleo encubierto", que no se refleja en estadística alguna y que no es más que un empleo con bajos o nulos niveles de productividad laboral que en términos económicos es equivalente a tener esos trabajadores desempleados. Mientras que Cuba contaba con el masivo respaldo económico y financiero del campo socialista esos problemas de ineficiencias podían ser tolerados, pero en el escenario doméstico e internacional actual son bien nocivos. La solución estriba en dejar de considerar al Estado como el único agente empleador y buscar una distribución más racional de la mano de obra fomentando la pequeña y mediana empresa, algo que el régimen le es alérgico considerar por las implicaciones políticas de dicha medida.

El informe continúa reflejando algunos resultados positivos sectoriales, particularmente de las áreas sociales. Destaca la ausencia de dos resultados que si fueron mencionados en el informe de 2002: el comportamiento de la agricultura y la relación del consumo energético con relación al crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), este último muy importante porque mide uno de los ángulos de la eficiencia económica. Con respecto a la agricultura se menciona bien por arriba que algunos renglones mejoraron, pero sin aportar datos numéricos.

Como es usual en este tipo de informe, no aparecen referencias y análisis macroeconómicos profundos como es el comportamiento de cada sector del PIB, el resultado de la balanza comercial, de la balanza de pagos, la situación de la deuda externa, el comportamiento salarial, la inversión extranjera, etc. Pero aún en las áreas sociales no aparecen datos que podrían brindar una información más amplia de lo alcanzado y dejado de alcanzar como pueden ser, por ejemplo, el consumo per cápita de carne y otros productos alimenticios, la disponibilidad de medicinas, el estado técnico de los hospitales, policlínicos y demás centros médicos del país, el número de cirugías ambulatorias, entre otros.

Pero la parte más interesante del informe es cuando se refleja el crecimiento alcanzado, en el que se dan dos cifras correspondientes a sendas metodologías de cálculo del PIB. Se informó que según la metodología tradicional, la economía creció un 2.6% y con la nueva elaborada por el gobierno el crecimiento fue del 3.8%.

Ya en el informe de los resultados económicos del 2002 se criticó la metodología tradicional del PIB ya que, según el liderazgo, es una metodología diseñada para una economía capitalista y que por lo tanto deja fuera los denominados logros sociales de Cuba, trayendo por consecuencia que el PIB cubano siempre va a estar por debajo de lo que se supone deben ser sus valores reales. Basado en esa premisa, se anunció que se iba a trabajar en una nueva metodología que, por una parte, valorara monetariamente los bienes y servicios de una forma que permitiera una "más justa comparación internacional" y por la otra que permitiera valorar los servicios sociales no por el gasto sino por su resultado final, asumiendo que el impacto social de los esfuerzos, inversiones y políticas adoptadas por el gobierno en esas áreas son superiores al gasto realizado.

Para valorar monetariamente los bienes y servicios incluidos en el PIB se anunció que se asumiría el método de la Paridad del Poder de Compra (PPP) que permite comparar el poder de compra de las monedas de los países usando una especie de tasa de cambio del dólar internacionalmente estandarizada en vez de las tasas de cambios nacionales. Basado en este método, el gobierno cubano hizo un ensayo con el PIB del 2002 y el resultado dio un monto de 57.7 mil millones de dólares, que es más del doble que el resultado por el método tradicional. Una vez más no se dijeron los detalles específicos de la metodología usada, como por ejemplo, cual fue el índice tomado para hacer ese cálculo, lo cual levanta dudas acerca de su veracidad. Estas dudas se refuerzan cuando uno ve los números publicados por el Programa de Comparación Internacional de Naciones Unidas y los cálculos realizados por los profesores Robert Summer y Alan Heston de la Universidad de Pennsylvania que, basados en el método PPP, estiman un PIB para Cuba en el 2002 de 30.7 mil millones de dólares, solamente mil millones más que el resultado por la metodología tradicional.

Para el 2003 no se menciona en el informe si persistieron en utilizar el método de la Paridad del Poder de Compra, sin embargo a juzgar por la explicación dada por el Ministro de Economía se utilizó el concepto económico del "excedente del consumidor" para tomar en cuenta el impacto de las políticas sociales. El concepto expresa la relación entre la satisfacción lograda por el uso o consumo de un bien o servicio y el gasto realizado para proveer y consumir el mismo, cuando la satisfacción supera lo invertido.

El concepto del "excedente del consumidor" le da una perspectiva microeconómica a la evaluación de un resultado macroeconómico lo cual es válido siempre y cuando se pueda medir con objetividad y precisión científica el grado de satisfacción del consumidor por el consumo o uso de bienes y servicios puesto a su disposición. No se menciona en el informe la metodología usada para medir esa satisfacción o impacto de las políticas adoptadas, lo cual me genera dudas acerca de la confiabilidad del cálculo ya que en Cuba, tradicionalmente, se ha apostado por garantizar el acceso masivo a los servicios sociales y no tanto a la calidad de los mismos. La historia de la revolución está llena de ejemplos de proyectos de importancia social que comienzan funcionando muy bien y rápidamente (muchas veces a menos de un año de iniciados) se deterioran dejando como saldo neto insatisfacción en el pueblo.

De cualquier forma este concepto permite incluir un valor adicional a la hora de analizar o calcular un resultado económico que en este caso es el cómputo del PIB y realmente infló el resultado del mismo en un 1.2% adicional, que no es gran cosa porcentualmente pero si suficiente para los objetivos del liderazgo de proyectar una imagen de positivismo sobre el estado económico del país.

En resumen, el informe sobre los resultados de la economía en el 2003 es insuficiente, matizado con apologías para la gestión del gobierno. No es un análisis autocrítico, que exprese con valentía los errores y deficiencias en la gestión y que pondere adecuadamente los problemas coyunturales y estructurales. El informe es como un desierto, con muchos oasis rodeados de terreno bien árido, reflejo del propio estado de la economía cubana.