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CUBA:
ALGUNOS DE LOS POR QUÉ
Por
Manuel Alberto Ramy
mar@enet.cu
En el
Principio fue el Paraíso y allí existía un
ordenamiento de la convivencia, una suerte de
Constitución que prohibía tomar frutas de un árbol.
Pero Eva tomó una y la compartió con Adán. Violaron
las reglas establecidas. En ese instante, y
siguiendo la metáfora bíblica, estrenamos la
soberanía. No existe lo intocable. Tampoco códigos
inconmovibles. Somos los hombres, las necesidades y
las circunstancias quienes quitamos y ponemos las
reglas del juego. También quienes las reforzamos.
En el
interior de Cuba la campaña que movilizó a millones
de personas tuvo como eje lo "intocable" de ciertos
preceptos constitucionales. La prensa internacional
magnificó el calificativo como una condena a la
inamovilidad de la nación. Informo a los lectores
que la constitución cubana de 1940 declaraba ilícita
y por lo tanto punible toda manifestación política
que atentara contra la democracia representativa.
También, recientemente, en Lima, Perú, la
Organización de Estados Americanos (OEA), declaró a
la fórmula democrático-representativa al uso como la
única válida e inconmovible. No solo blindó la
esencia de ese sistema, sino que momificó la forma
en que se expresa. En este caso, ¿alguien habló de
blindaje y de momificación? Todo lo contrario: fue
valorada como una defensa legítima del sistema
continental ante la amenaza de sedición por parte de
los propios soberanos, los ciudadanos que reclaman
sus derechos más elementales (Argentina, Perú,
Bolivia, Ecuador…)
La
reciente reforma constitucional aprobada en la isla
dejó claro que el sistema socialista, su esencia, es
"irrevocable". Esta definición implica que lo no
esencial puede modificarse. Pero a su vez abre una
interrogante: ¿quién o quiénes definen lo esencial?
¿Es patrimonio exclusivo del Partido Comunista o es
del conjunto social? Sin descartar la participación
popular en las definiciones, lo cual ha sucedido en
momentos claves, todo indica que ese papel
definitorio sigue correspondiendo al Partido
Comunista, tal como prescribe la Constitución.
Desde
el punto de vista jurídico, ahora todo afán por
cambiar la esencia del sistema pasa por dos momentos
imprescindibles: la votación favorable de los dos
tercios del total de los legisladores electos y,
después, la aprobación necesaria de la mayoría de
los ciudadanos con derecho al voto, convocados a
referéndum. Tiene que resultar de las dos, no de una
sola.
Jurídicamente esta decisión tiene ángulos
cuestionables y hasta rebatibles. Seguramente sus
autores lo saben. Por lo tanto, es lógico pensar que
se trata del componente legal de una respuesta
política. Es, en primer lugar, un NO al modelo que
le ofertan desde el exterior a punta de pistola y en
la voz de un presidente ajeno, quien intenta usurpar
la soberanía de todos los cubanos --algo así como la
Enmienda Platt, (1) pero más burdo, a lo "Texan
saloon". Por demás se trata del mismo modelo por el
cual América Latina vive en una crisis profunda.
Basta con mirar el panorama presente y los datos
estadísticos.
Pero a
su vez las reformas aprobadas dejaron abiertos
mecanismos de cambio para soluciones y medidas que,
partiendo del socialismo --concepto en profunda
revisión teórica y práctica a escala mundial--, sean
innovadoramente eficientes. Y el resorte para
llevarlos adelante descansa más que nunca en la
soberanía popular y en las instituciones
establecidas, especialmente en el poder legislativo.
Un
amigo me preguntó cuáles serían los espacios
abiertos a posibles cambios. Lo primero que se me
ocurrió decirle es que la ley fundamental vigente
plasmó la realidad de una sociedad homogénea. A
partir de la década del 90, la heterogeneidad ha
sido un rasgo evidente que precisa ser recogida en
términos legales. También las reformas aprobadas no
impiden que en un momento determinado aparezcan las
PYMES (pequeñas y medianas empresas), organizadas y
reguladas de modo que no alteren la esencia del
sistema socialista.
La
constitución no prohibe la existencia del empresario
cubano privado. Su presencia y magnitud está
asociada a otros factores, como el clima ambiente y
la voluntad política. También a valoraciones de
pérdidas y ganancias. Me explico. La renuencia
oficial a abrir este espacio responde al criterio de
que potencialmente estaría dando espacio político a
determinados sectores de la población, lo que
conllevaría, además de aumentar las desigualdades,
facilitar una punta de lanza a la penetración
enemiga. Este razonamiento evalúa el impacto
político y social de ciertas aperturas económicas.
Preocupación lógica. Sin embargo cabe preguntarnos:
¿la no apertura económica no estaría creando a su
vez disgustos susceptibles de ser capitalizados por
el enemigo político? La interrogante también es
lógica, porque la inflexibilidad económica puede
originar irrentabilidad política.
Desde
la perspectiva jurídica constitucional, los cambios
dentro del socialismo son posibles para renovarlo y
enriquecerlo. Pero la probabilidad de los mismos, su
extensión y profundidad, depende cada vez más de la
relación entre las realidades nacionales e
internacionales.
Pienso
que los pasos que viene dando el liderazgo cubano
son producto de esta tensión entre los principios,
la realidad nacional y la internacional. Y esto me
lleva a calificar a las reformas constitucionales
aprobadas como parte de la estrategia defensiva del
país, cuyos líderes perciben una amenaza creciente
del exterior(2) en un momento delicado de la
economía interna. Y es aquí precisamente donde,
según los líderes cubanos, aparece el Proyecto
Varela como punto de engarce de ambos componentes de
la realidad y como catalizador en lo interno de la
sociedad cubana. ¿De dónde proviene esta suspicacia?
Hay
quienes piensan que la oposición interna, que cuenta
con abogados entre su membresía, sabe que su
propuesta estaba condenada desde el principio porque
viola la Constitución e incumple requisitos
legales.(3) Por lo tanto, argumentan que su
verdadero objetivo es político y publicitario y lo
relacionan con tres eventos importantes: la visita
del ex presidente Carter a Cuba el 12 de mayo (dos
días después de que el Proyecto fuera presentado a
las autoridades); los discursos agresivos del
presidente George W. Bush, el 20 mayo en el que dio
su apoyo irrestricto al proyecto en cuestión, y el
del 1 de junio en West Point, donde anunció la nueva
doctrina militar de EE.UU. basada en acciones
preventivas.
Otro
argumento de la suspicacia oficial parte de un
suceso acaecido meses atrás en la ciudad de Ginebra,
Suiza. Allí, la Comisión de Derechos Humanos de las
Naciones Unidas, aprobó una moción presentada por
Uruguay e ideada por la administración Bush.
Curiosamente el texto no condenaba al gobierno
cubano; es más, reconocía sus logros en materia
social y económica y lo invitaba a que hiciera lo
mismo en el área de los derechos civiles y
políticos. También ordenaba el viaje de un
funcionario a la isla en tareas de supervisión. Fue
aprobada por dos votos de diferencia, pero con una
novedad: por vez primera en muchos años conseguía
latinoamericanizar el diferendo EE.UU.-Cuba. A su
vez dejaba vivo el tema para el próximo año, lo que
abre la posibilidad de que la Isla pueda ser
sancionada mediante un documento más agresivo.
¿Cómo? Si La Habana no rinde en el área de los
derechos civiles y políticos iguales resultados a
los que muestra en lo económico-social. Y añádanle a
lo anterior la lógica presunción de que la
inspección será denegada por las autoridades
cubanas.
No son
pocos quienes dentro de la estructura de poder en
Cuba resumen que la combinación de agresividad
externa (política y principalmente económica de los
EE.UU.), está destinada a calentar a la sociedad
cubana, a reventarla desde adentro mediante la
creación de una situación insostenible que derrumbe
hasta los servicios que son orgullo del gobierno y
satisfacen a la población. Si la sedición interna no
colapsara al gobierno, al menos podría justificar
una eventual intervención a la Isla. Esta eventual
acción "preventiva" --acorde con la nueva doctrina
estratégica adoptada por Bush-- podría estar
latinoamericanizada o, al menos, contar con el aval
de varios gobiernos de la región. No en balde uno de
los puntos reforzados en la Constitución prohibe
"negociar acuerdos bajo agresión, amenaza o coerción
de una potencia extranjera". Y otro expresa
claramente el derecho del ciudadano a "defender por
todos los medios" --incluso con el uso de las
armas-- la esencia del sistema.
Nicolás Guillén, el poeta nacional cubano, escribió
un poema, uno de cuyos versos dice que "al veneno y
al puñal, cierra la muralla". El gobierno de La
Habana está convirtiendo la imagen poética en acto.
Al reforzar la Constitución deja en claro también
que toda evolución puede partir, pero desde el
propio sistema, de sus instituciones y para innovar
y robustecerlo. Y las reformas no esenciales, como
algunas posibles en la esfera económica, están
íntimamente comprometidas con el enfoque que EE.UU.
tenga de sus relaciones con la Isla.
De
existir otro escenario, probablemente podríamos
empezar a ver áreas de flexibilidad en diferentes
campos de la vida cubana. Pero desde hace 43 años
ese hipotético escenario no ha levantado el telón.
Aún aguarda porque los productores estrenen la obra.
Uno de ellos, por boca de sus líderes, ha repetido
en varias oportunidades estar listo. El otro, las
diferentes administraciones de EEUU, quiere el
control del guión y la propiedad del teatro. Es
decir, un "remake" de la Enmienda Platt del pasado
siglo, pero en colores. Así que al público solo le
queda hacer trincheras del lunetario y cerrar filas.
Manuel Alberto Ramy
es corresponsal en La
Habana de Radio Progreso Alternativa y de los
semanarios Progreso Semanal y
Progreso Weekly
(1)
La Enmienda Platt fue
un apéndice impuesto a la primera Constitución
cubana de 1901. Presentada al Congreso de los EE.UU.
por Orville Platt, fue redactada y aprobada en un
país extranjero para dictar pautas a un país
supuestamente independiente. Permitía la
intervención militar de EE.UU. sin el consentimiento
de Cuba, lo que la convertía en un protectorado, y
sentó las bases para la usurpación del territorio
donde se encuentra la Base Naval de Guantánamo. Fue
abrogada en 1934.
(2)
Ver “El
socialismo es irrevocable”, entrevista a Ricardo
Alarcón, por Francisco Aruca. Progreso Semanal,
11-17 de julio, 2002.
(3)
Ver “Proyecto
Varela: viabilidad jurídico-legal”, por Manuel
Alberto Ramy. Progreso Semanal, edición 04-11 de
julio, 2002 |