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Por una Cuba
democrática
MARIFELI
PEREZ-STABLE
El Nuevo Herald. 27 de Octubre de 2003.
La
recién creada comisión de apoyo a una Cuba libre ha
sido criticada por sectores de la oposición en la
isla y del exilio. Aunque moleste que EEUU se
proyecte sobre un futuro que no es suyo para decidir,
lo cierto es que --quienquiera que sea presidente--
este país debe prepararse para la transición cubana.
La
comisión liderada por Colin Powell y Mel Martínez
--dos personas sensatas-- busca calmar la
intranquilidad que una parte del Miami cubano siente
ante la política de la Casa Blanca hacia La Habana.
Rejuegos electorales aparte, la comisión pudiera
examinar la política de EEUU con seriedad y
ponderación. En su encuentro con Powell a principios
de este año, Oswaldo Payá advirtió la necesidad de
desamericanizar el problema cubano. Si de avanzar
los intereses nacionales estadounidenses --y no sólo
los de la administración-- se tratara, los
comisionados empezarían a concebir una nueva
política partiendo de la sabia advertencia de Payá.
Aunque
no haya sido pensada con ese propósito, la política
de facilitar los contactos de ''pueblo a pueblo'' en
los 90 propició una suerte de desamericanización.
Hoy por hoy la diáspora ocupa la primera fila del
compromiso constructivo con el pueblo de Cuba:
visitas familiares, llamadas telefónicas, encuentros
religiosos, envío de remesas e intercambios
culturales, académicos y profesionales. Desde la
sociedad civil --dentro y fuera de Cuba-- la brecha
que alguna vez pareció insalvable se ha ido cerrando
y, por consiguiente, ya dimos los primeros pasos
hacia la reconciliación nacional.
Pero
hace falta dar otros pasos --más difíciles y
contundentes-- que aún no están a nuestro alcance:
los del diálogo que conduzca a un pacto cubano de
convivencia y paz bajo el amparo de un estado de
derecho. El absolutismo del gobierno cubano es, por
supuesto, el obstáculo mayor a ir haciendo esos
caminos. La última década, no obstante, recogió
frutos que nos servirán para ese diálogo: en Cuba y
en el exterior, la oposición trabó entre sí fuertes
vínculos basados en el reconocimiento de que los
principales actores de la transición son los cubanos
de la isla.
Tarde
o temprano, llegaremos a la coyuntura de un diálogo
genuino. Alrededor de la mesa del renacimiento
nacional se sentarán numerosos actores, entre ellos,
la oposición en la isla, la Iglesia Católica y
sectores del exilio. La Cuba oficial --que para
entonces habrá perdido su afán de monólogo--
ejercerá, claro está, un papel fundamental. Ese
diálogo, después de todo, no tendrá otro objetivo
que establecer nuevas reglas para el traspaso o el
compartimiento del poder.
Por
vivir en la Cuba profunda, la oposición interna, la
Iglesia Católica y otros actores en la isla están
sensibilizados con las complejidades políticas y
personales que inevitablemente acompañarán a la
transición. No así, en mi opinión, el exilio. La
cara dura de la Cuba oficial actual --arrogante,
altanera, impositiva-- no guarda misterio alguno en
ninguna parte: no concibe ceder el poder pero,
inexorablemente, se le irá de las manos.
La
otra cara, por el contrario, es pobremente entendida
en el exterior: las nutridísimas zonas grises --integradas
mayormente por cubanos capaces y de buena voluntad--
que hoy viven en silencio a la sombra del poder pero
que, finalmente, saldrán a la luz del día. Son la
contrapartida orgánica de la oposición --dentro y
fuera de Cuba-- comprometida con una transición
pacífica y pactada entre cubanos. Estas zonas crecen
día a día y ni EEUU ni el exilio las tienen
suficientemente en cuenta.
Volvamos a la desamericanización instada por Payá. A
mi juicio, ésta requeriría superar los binomios
estériles del embargo y alumbrar una tercera vía. De
cierta manera, nuestro problema ya está
desamericanizado: la política de EEUU responde al
Miami cubano y, por tanto, sobre nosotros recae una
responsabilidad singular. Me temo que no la
asumiremos, por la coyuntura electoral y porque el
statu quo nos es más cómodo. Así y todo, por una
Cuba democrática, deberíamos alzar la vista y romper
nuevos caminos.
Profesora de la Universidad Internacional de la
Florida, coordinó el informe, 'Cuba, la
reconciliación nacional' (http://memoria.fiu.edu)
producido por el Grupo de Trabajo Memoria, Verdad y
Justicia. |