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Reflexiones sobre la Recuperación
Económica Cubana
Gerardo
González Núñez
Universidad Interamericana
Recinto Metropolitano
Puerto Rico
INTRODUCCIÓN
Analizar
la economía cubana es siempre una tarea compleja por la
carencia de abundante información, no obstante ello no
debe ser un factor inhibidor, por lo que asumimos el
reto de analizar la situación económica actual de la
isla para tratar de poner en su justa perspectiva lo que
está aconteciendo en ese campo, sobre todo con todo lo
relacionado con la denominada recuperación económica.
Para este análisis tomaremos como referencia el discurso
y las cifras oficiales cubanas, que a pesar de las dudas
existentes en torno a su confiabilidad, son útiles para
el propósito de este trabajo.
EL
DISCURSO OFICIAL
Desde el comienzo de la crisis el análisis y el discurso
oficial cubano ha sido muy parcial en relación a las
causas y evolución de la crisis económica y hoy exhibe
un renovado triunfalismo a partir de los resultados
mecroeconómicos obtenidos a partir de 1994.
De acuerdo
al liderazgo cubano la crisis tiene solamente causas
externas, derivadas de la caída del campo socialista y
el bloqueo norteamericano. Considera que la reinserción
de Cuba en el sistema económico internacional debe ser
el fruto de una activa política exterior y no como el
resultado de profundos cambios económicos internos. De
esta forma la dirigencia cubana ha confiado en una
recuperación económica basada solamente en la
combinación de medidas de ajustes interno, reformas no
sistémicas y medios políticos e ideológicos. Sólo
decidieron aplicar algunas transformaciones
emprendedoras cuando la crisis llegó a niveles
intolerables y amenazaba con convertirse en una crisis
social y política.
El
gobierno cubano ha tratado de enfrentar la crisis sin
abandonar el proyecto socialista, instrumentando
políticas reactivas, no sistémicas y sin una lógica
coherente. Han sido políticas reactivas porque fueron
tomadas sólo cuando la situación económica fue
extremadamente crítica y como respuesta a
acontecimientos producidos, particularmente de carácter
político. No han sido sistémicas y sin una lógica
coherente debido a lo anterior y porque no responden a
un programa estratégico explícitamente formulado.
A partir
de las cifras de crecimiento macroeconómico exhibidas
desde 1994 el discurso oficial ha proclamado que el país
se está recuperando de la crisis, usando como meta para
la recuperación los niveles que había en 1989.
NUESTRA
POSICION
La crisis económica cubana tiene dos dimensiones: es
una crisis estructural (causas endógenas) y es una
crisis de inserción (causas exógenas). Es una crisis
estructural porque las actuales estructuras económicas
son incapaces de garantizar la reproducción ampliada de
la economía , a pesar de los esfuerzos desarrollados por
el gobierno para producir una diversificación productiva
que se ajustara a las necesidades de la acumulación y a
las exigencias de la economía internacional
contemporánea. La dimensión estructural de la crisis se
refleja, igualmente, en el agotamiento del modelo de
desarrollo por vía extensiva que ha prevalecido hasta
entonces, que se expresa en la incapacidad de la
economía de generar el ahorro necesario para garantizar
su reproducción, lo cual obliga al país a invertir una
proporción creciente de recursos, mayormente externos,
para obtener los mismos resultados en la producción.
La crisis
cubana tiene a su vez una dimensión exógena -crisis de
inserción- derivada de la pérdida de su principal
partner -la Unión Soviética- y el campo socialista
europeo en general. Desde entonces, Cuba no ha podido
estabilizar un nuevo sistema de relaciones económicas
externas. Un agravante en los esfuerzos por buscar
alternativas de inserción en el mercado mundial ha sido
el reforzamiento de las expresiones
internacionalizadoras del bloqueo o embargo
norteamericano.
Por lo
tanto, la economía se enfenta al reto de buscar su
viabilidad como consecuencia de la pérdida de sus
mercados concesionarios que precipitó la crisis del
modelo de desarrollo por vía extensiva. Desde los
inicios de la crisis el reto exigía, en primera
instancia, un ajuste de la economía a las nuevas
circunstancias para pasar a la construcción de un nuevo
modelo de desarrollo económico que se basara en la
eficiencia y en la competitividad (acumulación por vía
intensiva) y que garantizara la reinserción de la
economía en el mercado mundial.
La
literatura económica se ha referido a la recuperación
económica como el proceso a través del cual se
reestablece la capacidad de acumulación de un país, es
decir, supone la paulatina utilización máxima de las
fuerzas productivas , la mejoría de las condiciones para
la inversión y la realización, la máxima explotación de
las capacidades productivas instaladas y en general el
progresivo reestablecimiento de los equilibrios
macroeconómicos. Si bien es un concepto ampliamente
aceptado y aplicable a cualquier realidad económica, no
es menos cierto que está referido únicamente a una
noción cuantitativa del problema de la crisis, es decir,
se refiere a la posibilidad de reestablecer el
crecimiento económico, obviando dimensiones cualitativas
que son abarcadas en el concepto de desarrollo
económico.
Desarrollo
económico es un concepto mucho más vasto que el de
crecimiento al vincular la expansión de la base material
con el bienestar de la población, ya que además de
considerar el desarrollo de la acumulación productiva,
entendido como el progreso de las fuerzas productivas
que permite el crecimiento de los bienes y servicios,
incluye un cambio institucional -calificado como
modernización- y una adecuada política distributiva, que
corresponden al aspecto cualitativo del concepto. Dicho
en pocas palabras, el crecimiento económico es una
condición necesaria pero no suficiente para alcanzar el
desarrollo, el cual implica modernización, progreso y
bienestar. La dinámica entre crecimiento y desarrollo
supone que el primero debe ser sostenido y sustentable,
lo cual es sinónimo de economía estructuralmente sólida,
menos vulnerable a cambios en el mercado mundial.
Las
circunstancias, características y duración de la crisis
cubana obligan a plantear el problema de la recuperación
desde la perspectiva del concepto de desarrollo
económico. Una de las circunstancias es el mercado
mundial donde Cuba debe insertarse, mercado altamente
competitivo, dominado por los paradigmas neoliberales y
para el caso específico de Cuba sin las solidaridades
como las que disfrutó con el mercado socialista europeo
y con un entorno de hostilidad por parte de la principal
potencia mundial.
Por otra
parte, la meta de la recuperación no puede estar fijada
en los niveles existentes en los años precrisis. En
aquellos momentos el país disfrutaba de una relativa
bonanza y estabilidad económica sustentadas
fundamentalmente por los cuantiosos recursos
provenientes del campo socialista europeo que
garantizaban a su vez el funcionamiento del modelo
económico extensivo. Aún en esas condiciones el ideal
del bienestar de la población no había sido alcanzado al
permanecer muchas necesidades sin satisfacer. Además, en
los años 90 y en los inicios del Siglo XXI se han
incorporado a la adultez una nueva generación de cubanos
con sueños y expectativas que rebasan lo que se había
alcanzado en 1989. Por lo tanto, las aspiraciones de la
recuperación tienen que estar ajustadas a las nuevas
realidades doméstica y externa a las que Cuba se
enfrenta y ser compatibles con las necesidades tanto
nacionales como personales del sujeto social cubano.
Si bien
los resultados económicos muestran que, al menos, se
detuvo la caída en espiral de la economía, es muy
prematuro afirmar que Cuba ha entrado en el camino de la
recuperación sostenida. Ello debido a las siguientes
razones:
1. El
crecimiento alcanzado ha estado sustentado básicamente
en el comportamiento de muy pocos sectores, en
particular el turismo, lo cual responde a la
característica estructural de la economía cubana. Ello
significa, que las posibilidades de crecimiento y
desarrollo del país dependen de bases muy débiles ya
que, una recesión mundial o algún desastre natural
podrían revertir la tendencia expansionista de la
economía, lo cual se puso evidencia con los eventos
acaecidos el 11 de septiembre y sus consecuencias
ulteriores.
2. El
crecimiento logrado ha sido sobre bases extensivas, es
decir, con la utilización masiva de recursos en
detrimento de mayores niveles de eficiencia. Ello
pudiera demostrarse con la desproporción entre el
incremento de las importaciones en relación con las
exportaciones, lo que ha resultado en una ampliación del
desequilibrio financiero externo. Mientras que las
importaciones se incrementaron a una tasa promedio anual
del 13% durante el período 1994-2001, las exportaciones
lo hicieron a una tasa promedio anual del 4.1%. Si
incluyeramos a los ingresos por turismo, los recursos
externos obtenidos promediaron una tasa anual del 9% en
el mismo período, aún por debajo del crecimiento de las
importaciones. Ello ha provocado que el déficit de la
balanza comercial aumentara significativamente. Mientras
que en 1994 era del 5.5% con relación al Producto
Interno Bruto (PIB), en el 2000 llegó a ser del 14%.
3. El
crecimiento ha sido lento e inestable, afectado
básicamente por los vaivenes del mercado mundial. El
país comenzó a crecer muy levemente en 1994, llegando a
un máximo de crecimiento del 7.8% en 1996. A partir de
ahí, decreció sotenidamente en 1997 y 1998, para crecer
nuevamente en 1999 y en el 2000 y volver a decrecer en
el 2001. Mientras que en el período 1989-1993 el país
decreció aumuladamente un 36%, es decir, a una tasa
promedio anual del 9.7%, el crecimiento macroeconómico
de los años recientes ha representado acumuladamente un
30%, es decir el PIB ha crecido a una tasa promedio
anual del 3.9%. Si se mentiene este ritmo, aún faltarían
aproximadamente 2 años para igualar los niveles
cuantitativos que existían en 1989, es decir, el país
tendría que emplear 9 años para recuperar lo que se
desplomó en tan sólo 4 años.
4. La
renuencia a enfrentar la crisis acorde a sus causas
gestoras y obviando los cambios políticos y económicos
que se han dado en el contexto internacional ha
prolongado excesivamente la misma, provocando el
agotamiento de las fuerzas productivas, principalmente
la fuerza de trabajo y los bienes de capital y ha
adicionado consecuencias negativas para la propia
evolución económica e incluso social.
La fuerza
de trabajo se encuentra desmotivada laboralmente desde
el momento que ha sufrido un deterioro significativo de
su nivel de vida y observa que su esfuerzo laboral no es
suficiente para garantizar su reproducción y la de su
familia, por lo que ha tenido que adoptar soluciones
individuales como pasar a puestos de trabajo de mayor
remuneración pero con exigencias técnicas por debajo de
su preparación o emigrar al reconocer que las mayores
posibilidades de prosperidad económica y movilidad
social se encuentran en el exterior.
Los bienes
de capital han ido sufriendo una depreciación moral, no
solamente por la obsolecencia tecnológica de su planta
industrial, sino también por la poca explotación que han
tenido en los últimos años dada la carencia de los
recursos productivos, piezas de repuestos, etc,
necesarios para su funcionamiento.
Todo ello
se verifica en el contexto de una economía muy
fragmentada, por un lado, con una "zona" dolarizada que
es la más dinámica por ser receptora de las inversiones
extranjeras y el accionar de las empresas
descentralizadas cubanas que operan de acuerdo a los
dictados del mercado mundial y por otro lado la "zona"
del peso cubano que intenta funcionar bajo los restos
del sistema de dirección económica que estuvo
predominando durante más de 30 años y que se resiente de
su tradicional ineficacia. Ambas "zonas" están
conectadas por la actividad de un incipiente mercado que
ha estado funcionando con trabas administrativas y
políticas y en un escenario de crisis razones
suficientes para entender porque su actuación ha sido
muy errática.
CONCLUSIONES
El crecimiento macroeconómico que se ha verificado
durante los últimos años ha llevado inmerso los mismos
factores que provocaron el agotamiento del modelo
económico existente, es decir, un crecimiento económico
por vía extensiva, sostenido por pocos sectores
económicos tan volátiles como el turismo y con gran
dependencia de los mercados externos. Pero también, este
crecimiento se ha producido con factores nuevos
igualmente comprometedores para el futuro del país, como
el agotamiento tecnológico de la base industrial
instalada y que ha sido un crecimiento con mayores
niveles de desigualdad en la distribución de la riqueza.
Por lo
tanto, esta denominada recuperación ha sido solamente en
el plano cuantitativo, sin aportar mejorías sustanciales
al bienetar de la población, sin preparar el camino para
el desarrollo económico y sin garantizar una inserción
sólida en el sistema económico internacional. Podemos
decir que hoy en día el país es mucho más vulnerable
económicamente de lo que estaba en 1989. |