| ¿A QUÉ
LE TEME FIDEL CASTRO?
Francisco
León 1 |
Tema.
En una reacción de tiempos
de la Guerra Fría, Fidel Castro denuncia acciones
preparatorias de una intervención militar estadounidense
justificando, por su pretendida participación en las
mismas, las largas condenas a prisión a opositores al
régimen y las penas de muerte y e cárcel a los
secuestradores de un ferry del puerto habanero. La
situación tiene rasgos tan similares a la de crisis
económica y las manifestaciones de protesta del verano
de 1994 como para hacer obligado un paralelo entre ambas.
Resumen.
El análisis del periodo
1980-1995 de las amenazas de intervención militar
norteamericana en Cuba y las medidas para impedirlas o
enfrentarlas muestra que las denuncias de preparativos
de una nueva intervención, no han estado acompañadas de
preparativos similares. El gobierno cubano ha optado por
reemplazarlos por juicios sumarios y condenas injustas a
opositores y desproporcionadas a los secuestradores de
un ferry en el puerto habanero. Al comparar la situación
prevaleciente en el país durante esos juicios y condenas
con la de las protestas violentas en el puerto de la
Habana y el éxodo de decenas de miles de personas en
precarias balsas el verano de 1994 se observa que, en
ambas, confluyen la crisis económica y la falta de
esperanza de la población por mejorar sus condiciones de
vida. Pero esta vez, Fidel Castro busca evitar la
repetición de esos acontecimientos amedrentando a sus
opositores y a quienes tratan de salir del país, con
violaciones de los derechos humanos que han suscitado:
una solidaridad internacional, sin precedentes, con la
oposición pacífica; e, interrumpido el diálogo político
con la Unión Europea y los partidarios de levantar las
sanciones económicas en Estados Unidos. La consecuencia
directa de sus medidas represivas ha sido alejar la
firma de Acuerdos con la UE y la adopción de medidas
para continuar el levantamiento del embargo en EU que,
al favorecer las inversiones y el acceso a mercados
externos y mayores ingresos por comercio y turismo,
facilitarían el manejo y superación de la crisis
económica. Una formula que, junto a modestos avances en
el respeto de los derechos humanos permitió,
anteriormente, controlar y comenzar la reforma de la
economía, impidiendo el deterioro de las precarias
condiciones de vida de la población y generó esperanzas
en un futuro mejor.
Análisis. Desde
fines de la década de 1980 y comienzos de la de 1990, en
plena crisis terminal del CAME y de la Unión Soviética,
Fidel Castro no había invocado la amenaza de una
intervención militar norteamericana. En aquel entonces
la llamada "guerra de todo el pueblo", que combinaba la
apertura de trincheras en muchas localidades del país y
la movilización de casi dos millones de efectivos de las
milicias territoriales en apoyo del ejército regular, se
presentó como la mejor manera de frenar la invasión.
Durante el denominado Periodo Especial, establecido a
partir de 1989, se desarrolló la "Opción Cero", que
implicaba entrenar a la población para sobrevivir sin
agua y energía eléctrica durante muchos días, de forma
de atajar algunas de las consecuencias previstas ante la
supuesta intervención militar o un bloqueo económico
prolongado por los Estados Unidos.
En los
casi quince años que ocupan la década de 1980 y la mitad
de la de 1990, las maniobras militares de Estados Unidos
en el Caribe no se notificaban con antelación al
gobierno cubano, que utilizaba esta excusa para
justificar sus ensayos de movilización militar y popular
para enfrentar una posible agresión. En 1993-1995,
Estados Unidos y Cuba acordaron que estas maniobras
serían anunciadas con antelación, lo que le evitaría a
Cuba asumir los gravosos costos de sus movilizaciones,
más sensibles para una economía que había visto reducido
su PIB en más de un 40%, debido al fin de los flujos
comerciales y de la ayuda financiera provenientes del
campo socialista, especialmente de la Unión Soviética.
En la segunda mitad de la década de 1990, las milicias
territoriales fueron dejando de realizar sus prácticas
de forma progresiva y fueron relevadas de la vigilancia
urbana y de otras zonas de seguridad. El ejército
regular redujo fuertemente sus efectivos, que fueron
parcialmente incorporados a la producción, y dejaron de
realizarse los desfiles militares y maniobras aéreas en
los aniversarios de la Revolución. Ambas medidas
contribuyeron a lograr reducir el déficit fiscal que era
necesario al éxito del programa de estabilización
iniciado en 1994-1995.
Coincidiendo con el fin de la guerra en Irak y el
agravamiento de la inestabilidad en el Medio Oriente,
Fidel Castro denunció nuevamente la amenaza de una
intervención militar. Según su versión, esta vez la
invasión era alentada por el Jefe de la Sección de
Intereses de los Estados Unidos en La Habana, en sus
reuniones con algunas decenas de opositores al régimen,
cuya actuación era pública y pacífica. Sin duda alguna,
sólo aquellos convencidos de la centralidad política de
Cuba en el contexto internacional pueden creer en la
intervención militar denunciada por Castro. Sin embargo,
estos creyentes escasean dentro del propio gobierno
cubano y del Partido Comunista y son inexistentes entre
los encargados de la seguridad y la política exterior de
Washington. Las vagas referencias a la extensión de la
intervención militar en Irak a Cuba, hechas por el
embajador de los Estados Unidos en la República
Dominicana y la reiteración de la decisión de la
Administración Bush de promover la democracia en la
Isla, formulada por el jefe de la Sección de Intereses
en La Habana, durante una conferencia en una Universidad
de Miami, lejos de probar la denuncia de Fidel Castro,
muestran lo insustancial de sus acusaciones. Quienes se
manifestaron ocupan cargos periféricos en el sistema de
toma de decisiones de Washington y confirman la
marginalidad de la Isla en la política global
estadounidense, ya que la Cuba del nuevo milenio ha
dejado de ser un problema geopolítico y de seguridad. No
se olvide que tanto para los gobernantes norteamericanos
como para los aspirantes a la Casa Blanca, las promesas
de reforzar o levantara las sanciones económicas y de
restablecer la democracia en Cuba son un medio
recurrente de atraer el voto y contentar a la opinión
pública cubano-americana.
Esta
última denuncia de la amenaza de una intervención
norteamericana no ha dado lugar, sorprendentemente, a un
llamamiento a filas de antiguos miembros de las milicias
territoriales, ni a la reincorporación de miembros del
ejército regular dados de baja, ni siquiera a ejercicios
militares extraordinarios. Como bien señaló José
Saramago recientemente, los juicios sumarios y las
condenas a los opositores tampoco fueron acompañados por
la expulsión del Jefe de la Sección de Intereses. En
cambio, lo que sí es un problema para el gobierno cubano
y recuerda al verano de 1994 es el deterioro económico
en todo el Caribe, Cuba incluida, a consecuencia del
impacto del 11 de septiembre en los flujos turísticos,
agravados en este primer trimestre por los de la guerra
de Irak y el estancamiento del crecimiento económico
global. A esto hay que sumar los intentos de numerosas
personas para escapar de la Isla a toda costa y a
cualquier lugar. En 1994, miles de habaneros protestaron
con inusual violencia callejera por el deterioro de sus
condiciones de vida, el desempleo, las bajas
remuneraciones y la reducción de los bienes de consumo
subsidiados distribuidos mediante la libreta de
racionamiento y exigieron poder salir del país. El
tamaño de la protesta hizo necesaria la intervención de
las tropas y la presencia del propio Fidel. Esas
manifestaciones llevaron a las autoridades a suspender
temporalmente los controles de salida ilegal del país;
alentando a más de 30.000 personas a atravesar el
estrecho de la Florida en precarias balsas para ganar
las costas norteamericanas. Ante la avalancha de
emigrantes ilegales, los Estados Unidos respondieron
recogiendo a miles de ellos en el mar, confinándolos en
la Base de Guantánamo, posteriormente en la Zona del
Canal en Panamá y, nuevamente en Guantánamo. Finalmente,
una proporción importante fue aceptada en los Estados
Unidos y otra devuelta a Cuba.
La "crisis
de los balseros" culminó en acuerdos migratorios Estados
Unidos-Cuba a fines de 1994, los primeros y únicos
sujetos a seguimiento y revisión periódica. Estos
acuerdos estipulaban la concesión de 20 mil visados
anuales de entrada a los Estados Unidos para ciudadanos
cubanos y la devolución de aquellos emigrantes ilegales
que no alcanzaran suelo norteamericano o lo hicieran
recurriendo a la violencia. Sin embargo, Washington
sigue concediendo permiso de residencia a los que llegan
a sus costas, o están en tránsito a terceros países,
siendo calificados como perseguidos políticos. Al mismo
tiempo, el gobierno cubano protesta periódicamente por
el incumplimiento de las cuotas de visados y, en algunos
casos, de la obligación de devolver a los que han
secuestrado barcos y aviones. También denuncia frecuente
y exaltadamente la norma que concede asilo a los
perseguidos, por entender que es la principal causa de
la emigración ilegal y del uso de violencia para lograr
los fines de salir del país.
Las
protestas en La Habana y el éxodo de los balseros
constituyeron una señal de alerta sobre el grave impacto
político de la crisis económica y del deterioro de las
condiciones de vida de la población, que crearon un
caldo de cultivo favorable para la generalización del
trabajo por cuenta propia, que estaba ilegalizado, y del
mercado negro. Esta situación favoreció la
profundización de los cambios iniciados en 1993, con la
legalización de la tenencia de dólares y su libre
circulación y de los mercados campesinos, para controlar
el mercado negro y restablecer la capacidad de compra
del peso. Entre septiembre de 1994 y fines de 1995 se
adoptó un conjunto de medidas que conformaron un
programa de reforma y estabilización económica que,
combinado con la transformación de la estructura y
composición de la producción, logró sus objetivos a
fines de la década de 1990. Resumiendo, en 1994-1995 el
diálogo internacional y las transformaciones económicas
permitieron enfrentar exitosamente la desesperación de
la población por el deterioro del nivel de vida y la
falta de credibilidad en las promesas del régimen.
El
crecimiento del 20% acumulativo anual en el número de
turistas y del ingreso de divisas generado por esa
actividad entre 1995 y 2000 fue la pieza angular del
círculo virtuoso que comprende reformas
económicas-transformación productiva-asociación estado /
empresa extranjera. España, cuyas empresas mixtas con el
estado cubano manejan el 40% de la ocupación turística,
ha sido(1990-2003) uno de los mayores orígenes de
turistas y fuentes de inversiones en Isla. La locomotora
del turismo fue capaz de dinamizar la producción para
consumo interno y arrastrar el carro de la empresa
estatal resistente a la des-burocratización. Estas
últimas, son responsables del grueso del excedente de
trabajadores en la economía y contribuyen al
estancamiento del proceso de reformas económicas por
miedo a que al reducir su fuerza de trabajo, aumente el
desempleo, la creciente desigualdad y la cada vez menor
proporción del ingreso de los hogares proveniente del
ingreso laboral. Sin embargo, el crecimiento del turismo
se revirtió, especialmente con la caída de los flujos de
visitantes tras los atentados terroristas del 11-S. En
2002, el gobierno tuvo que adoptar medidas de drástica
cirugía económica, que afectaron a la emblemática
industria azucarera. Así se cerraron más de 50 ingenios
y se redujo su fuerza de trabajo en 200 mil efectivos.
En 2003,
al aumentar las tensiones y la inestabilidad en el Medio
Oriente e irse concretando la decisión de Estados Unidos
e Inglaterra de intervenir militarmente en Irak, la
economía mundial aumentó su tendencia al estancamiento y
al deterioro, especialmente de aquellos sectores más
vulnerables, como el turismo. Cuba y el Caribe,
dependientes del turismo aéreo, fueron duramente
afectados. Junto a esto, la persistente crisis
venezolana amenaza el aporte vital que el intercambio de
petróleo por servicios profesionales cubanos proporciona
a la estancada economía isleña. La perdida de poder
adquisitivo del peso cubano, su desvalorización de más
de un 30% frente al dólar en los últimos 14 meses y el
creciente desempleo y consiguiente malestar, sobre todo
entre los jóvenes que ingresan al mercado laboral, son
algunos rasgos comunes entre el escenario de la
primavera de 2003 y el que condujo a las protestas
callejeras y la "crisis de los balseros" en 1994. El
aumento de la desesperanza de la población traducido en
los intentos de "salir del país por cualquier medio" y
el secuestro por personas armadas de dos aviones y un
ferry en menos de un mes fueron, esta vez, la señal de
alarma para un régimen que no quiere caer nuevamente en
el descontrol ciudadano de hace diez años.
Cuba ha
pasado este año del estancamiento a la crisis económica
y, contra toda lógica, con los juicios sumarios y las
condenas de opositores y los secuestradores del ferry
habanero ha dado marcha atrás en el camino recorrido
mediante el diálogo político internacional en los
últimos 15 años. El que favorecería su salida del
aislamiento internacional y acceder al financiamiento y
acceso preferencial al mercado de UE que gozan el resto
de loa países de la APC firmantes del Acuerdo de
Cotonou. El gobierno cubano, por boca de su Ministro de
Relaciones Exteriores Felipe Pérez Roque, ha respondido
a las protestas de la UE y de los países miembros por,
amenazado con retirar la candidatura formal a firmar ese
Acuerdo presentada en enero pasado. Pérez Roque acusó a
la UE de "chantaje", al condicionar su ingreso a Cotonou
a la vigencia de las normas de derechos humanos y
democratización que rigen todos los acuerdos
internacionales comunitarios. En la misma línea,
calificó el rechazo europeo a las sanciones económicas
impuestas por la Ley Helms Burton desde su promulgación
por el Congreso y el Presidente de los Estados Unidos,
de complicidad con Washington en su aplicación. De este
modo, rechazó el ofrecimiento del comisario Nielsen, en
la inauguración de la delegación de la UE en La Habana,
en febrero pasado, de apoyar el ingreso a Cotonou y de
continuar el diálogo político para avanzar en el respeto
de los derechos humanos. Pérez Roque ignora el
precedente marcado por el Parlamento, la Comisión y el
Consejo europeo, que en dos ocasiones anteriores
suspendieron el diálogo político y el avance hacia el
Acuerdo de Cooperación. Cuba es el único país
latinoamericano y de la APC en no haberlo firmado, dada
la protesta europea ante la imposición de la pena de
muerte a opositores políticos (1992) y la negativa
(1996) a avanzar en el respeto a los derechos humanos.
Y, calculó mal la reacción de España, que en 1996 fue la
principal promotora de la Posición Común europea que
liga la aprobación del Acuerdo de Cooperación al avance
en el respeto de esos derechos. Y, donde el
recrudecimiento de la represión política del régimen
cubano han unido a gobierno y oposición en su condena y
en la demanda de liberar a los opositores presos.
A
diferencia de 1994, en la primavera de 2003, los juicios
sumarios y las penas de muerte y prisión, lejos de minar
la solidaridad internacional con la oposición interna la
han ampliado. Como ya se ha visto, la violación de los
derechos humanos ha servido para romper el diálogo con
la UE sobre el Acuerdo de Cotonou y, con congresistas y
empresarios norteamericanos favorables a levantar las
sanciones económicas y la prohibición de viajes
turísticos a Cuba establecidos en la Ley Helms-Burton.
Estos sucesos, lejos de detener la movilización y
organización de la sociedad civil cubana la ha
dinamizado y, además, han puesto nuevos obstáculos al
comercio con los Estados Unidos y a la inversión y al
flujo turístico europeos, lo que hubiera facilitado la
superación de la crisis económica y la desesperanza de
la población, a las que teme Fidel Castro más que a la
intervención militar en Cuba que, según dice, preparan
los norteamericanos.
Conclusiones:
En medio de la guerra en Irak, el líder cubano ha
querido amedrentar a su desesperanzada población y,
particularmente, a sus opositores con juicios sumarios y
sanciones de largos años de cárcel por actividades
públicas y pacíficas en pro de la democratización y el
respeto de los derechos humanos y con la pena de muerte
a quienes por medios violentos intentan escapar de la
Isla. Su equivocación ha sido la de ignorar que las
manifestaciones multitudinarias de NO A LA GUERRA
en los Estados Unidos, Europa y América Latina respondía
al rechazo tanto a la decisión unilateral de
norteamericanos e ingleses de lanzarse a la guerra, como
a las violaciones de los derechos humanos durante la
misma y los ocurridos en la dictadura de Sadam Hussein.
La condena a los juicios sumarios y las injustificadas o
desproporcionadas penas a los que osaron promover la
democracia y los derechos humanos concitaron la
solidaridad internacional con los afectados.
Sorprendidos por la reacción, el gobernante cubano y a
sus voceros, usaron duros términos para descalificar las
críticas internacionales y suspendieron el diálogo
iniciado con la UE para ingresar al Acuerdo de Cotonou y
con los congresistas y empresarios norteamericanos
partidarios de poner fin a las sanciones económicas. De
este modo se impide acabar con el aislamiento de Cuba y
con su participación en la construcción de un nuevo
orden regional caribeño y global. El régimen castrista
se escuda en una concepción tan absoluta como a-histórica
del principio de no-intervención, que niega todo
esfuerzo internacional para avanzar en la
universalización del respeto a los derechos humanos y
los principios democráticos. En medio de una de las
peores crisis económicas que ha padecido Cuba, sus
autoridades han optado por cerrar cualquier posibilidad
de acceder al financiamiento y a los mercados de la UE y
al levantamiento de la prohibición de viajar como
turistas impuesta por la Ley Helms Burton. El régimen
personalista de Fidel Castro sigue condenando a la
población cubana a una mayor carencia de bienes
esenciales y al desempleo, aumentando el número de
cubanos vulnerable a caer por debajo del nivel de
pobreza, y lo hace, erróneamente, en nombre de la
libertad y la soberanía nacional, por las que en
realidad luchan sus opositores con el respaldo de la
comunidad internacional. |